
Tengo arrugas en la frente de fruncir el ceño, y no precisamente por la luz de Valladolid. Todos sabemos que es una ciudad gris que en invierno se ve cubierta por un mar de nubes plomizas, pesadas y cabronas. Pero es posible que este tiempo haga que las cosas y quienes me rodean estén jodidamente tristes. Todos los que me conocéis sabéis, que calzo buen humor, aunque con genio, pero joder, es que me duelen las sienes de fruncir el ceño. Me cuesta levantar de la cama, apuro hasta el último minuto, y le doy miles de veces al “sleep” del despertador antes de erguir mi puñetero cuerpo (mi viscoelastico es muy comodo la verdad). Así que cada mañana levanto la persiana mirando al cielo, deseando ver el azul de un cielo limpio, que ilumine mi entorno, que lo contagie de felicidad y esperanza, para que me dejen de doler las sienes. Para que las cosas, que son muchas y muy buenas, que nos invitan a seguir adelante, brillen, calienten y hagan QUE SE MARCHEN ESAS PUTAS NUBES GRISES!!!.